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martes, 23 de agosto de 2011

Un larguero de una cama "de las de antes"......

Cada vez es más evidente que la diferencia entre los muebles de antaño con los de hoy día es que los primeros, o duraban toda la vida o tenían arreglo porque merecía la pena arreglarlos, mientras que los segundos duran lo que tienen que durar y en cuanto se deterioran toca sustituirlos por otros.

Viene ésto a cuento del trabajo que nos encargó una señora que vino con un larguero de cama "de las de antes", de madera maciza con tornillos de cascabel. Se trataba de la cama de su hijo, que encima estaba de exámenes finales. Éste tipo de camas no podía ser más sencillo, un cabecero y un piecero, unidos por dos largueros y reforzados por un par de travesaños sobre los que se apoyaba el somier. Todo de madera maciza y con espigas o escopleaduras para que las piezas ajustasen unas con otras. En el caso que nos ocupa, el larguero se había rajado y ya no podía hacer su función.

La misma pieza nos sirvió de patrón para hacer una idéntica, para la que usamos haya por ser una madera dura y resistente. Con el carro de escoplear se practicaron las hoquedades por donde se introducen los tornillos de cascabel pasantes a cabecero y piecero, y atornillamos las piezas de apoyo de los travesaños. Finalmente pusimos unas espigas en ambas testas, tal como estaban en la pieza original ( que no era de haya, pero que iba pintada de marrón por lo que no era un inconveniente el haber usado una madera clara como lo es el haya ).

Ajustó como guante de seda, según nos dijo la madre, cuando vino a contarnos lo bien que le había ido al chaval en los exámenes: algo debió influir el dormir en su cama ya arreglada.

 





jueves, 18 de agosto de 2011

A veces con lo que se encuentra uno.....

Aunque nuestro trabajo no consiste en realizar la restauración integral de un mueble, encargándonos en todo caso de practicar la ebanistería inherente a un trabajo de restauración, a veces hay ocasiones en que no queda más remedio que "arremangarse" y pechar con lo que se ponga delante.

Una cliente nos trajo la tapa de una cómoda que estaba restaurando, ya que la misma presentaba un "hundimiento" en el plano horizontal superior, era evidente que sobre lo que se sustentaba el tablero que conformaba la tapa había cedido. Se notaba que estaba hecha de madera maciza en el interior     (debía de ser un mueble antiguo, de antes de que existiesen los aglomerados y los "de-emes" ) y lo que tocaba era descomponer la tapa y ver que era lo que había hecho que la misma estuviese hundida.

Y ahí vino la sorpresa, al levantar el tablero vimos el ejemplo de lo que tuvo que ser en su día la máxima  "de la madera hay que aprovechar todo" y aún más  si el ebanista que hizo el mueble vivió en un momento de escasez de los muchos que ha atravesado nuestro país a lo largo de la historia, cuando no había además la profusión de maderas que la distribución moderna ha llegado a propiciar.

El trillaje interior de la tapa estaba conformado por listones, piezas y pedazos - no se les puede llamar de otra manera - de maderas diferentes, sin estar enrasados, ni encolados entre sí, incluso había piezas que habían estado ardiendo y conservaban partes quemadas, carbonizadas. Todas muy apretaditas, eso sí, que luego la tapa lo iba a cubrir todo. Con el paso del tiempo, las mermas, el movimiento natural de la madera, y aún más si pensamos que las piezas estaban "sueltas" sin agarre entre unas y otras, pues todo ello hizo que la superficie de apoyo perdiera cohesión y de ahí el que la tapa se deformase. Hicimos fotos para que la cliente lo viese, por lo curioso del caso, y realizamos nuestro trabajo haciendo un bastidor interior rígido y poniendo un nuevo tablero contrachapado superior. A saber los motivos que tuvo el ebanista bricolajero de hace cien años de hacer la originalidad que hizo. ¿Sentido del ahorro? ¿Ecologismo decimonónico? ¿Se la tenía guardada al cliente?

Y es que en éste oficio, a veces se encuentra uno con cada cosa.......